El todo es mayor que la suma de las partes


No es la primera vez que menciono el tema de que la era del individualismo ha terminado.

El siglo XX fue la exaltación del individualismo, y eso se trasladaba a todas las relaciones humanas, tanto personales como profesionales, llegando incluso a situaciones en las que las propias empresas favorecían la competición y enfrentamiento entre los trabajadores.

Esta situación, sin embargo, se ha superado ya. Las empresas deben competir por su supervivencia y no pueden permitirse que sus trabajadores no funcionen en perfecta sincronía como parte del mecanismo de un reloj.

Una tentación podría ser tratar de sincronizar la empresa a golpe de “ordeno y mando”. Creo, sin embargo, que la complejidad de la situación y las tecnologías actuales, no permiten el lujo de que una empresa se base en un sólo cerebro desperdiciando la materia gris del resto de los trabajadores.

Es necesario explotar todos los cerebros. El problema está en cómo conseguir aprovechar lo máximo de cada persona, pero al mismo tiempo lograr que todo el esfuerzo se canalice en la misma dirección. La única forma de lograrlo es potenciando la “gestión del conocimiento”.

¿Qué es la gestión del conocimiento? Según qué persona esté hablando del tema, puede querer decir muchas cosas. Sin embargo, como yo soy muy básico, me gusta resumirlo en conceptos muy sencillos; la “gestión del conocimiento” es todo aquello que favorece que conocimientos adquiridos por la parte, sean aprovechados por el todo.

De esta manera, la “gestión del conocimiento” es aquello que hace que “el todo sea mayor que la suma de las partes”.

En esta línea, me parece vital que las empresas incluyan la “gestión del conocimiento” dentro de su estrategia. Y desde luego no sólo que la planifiquen, sino que la lleven a cabo.

Existen herramientas muy interesantes desde Wikis corporativas (Trac, RedMine…) a herramientas de gestión de la documentación y creación de intranets (Sharepoint de Microsoft, Confluence de Atlassian…).

Este tipo de herramientas tecnológicas son muy importantes, y simplifican procesos que antes eran impensables. Sin embargo las herramientas no son todo; lo importante es lo que hay detrás de ellas. Por ello, lo importante no es que las empresas implanten herramientas, sino que implanten el espíritu adecuado.

En concreto es vital conseguir implantar un espíritu de equipo y un ambiente en el que cada persona acepte compartir con los demás sus conocimientos.

Tenemos un reto muy curioso ante nosotros: ser más humanos y parte de un grupo, y ser menos individualistas. ¿Seremos capaces?

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