El estado empresa


Cuando en una librería del aeropuerto de Dublin he visto el “No logo” de Naomi Klein, no he podido evitar comprarlo. En las clases de estrategia y marketing suelen mencionarlo. En el libro que estaba leyendo ahora mismo (“crossumers”), también.

Lo que no me había dado cuenta al comprarlo es un 10 detrás del título. Al empezar a leerlo, he visto que el número es debido a que es una edición que conmemora el décimo aniversario de la edición original.

Sólo he tenido tiempo a leer la nueva introducción que ha preparado Naomi Klein para este aniversario. Sin embargo, me ha impactado tanto que quería compartido.

Klein no se ha dedicado estos últimos años al estudio de las marcas, sino que ha hecho un acercamiento al estudio de la situación de la política. De este estudio, hay dos claves fundamentales:

– El estado de los EEUU está siguiendo desde los tiempos de los Bush un proceso similar la de las grandes corporaciones. Fabricar no es importante, lo importante es la idea y la gestión. Esto está llevando a que muchas tareas se externalicen y se pongan en manos de terceros con el objetivo de aumentar la eficiencia.

– Una segunda clave está en la búsqueda de la marca como algo más importante que el producto. Sería el ejemplo de la figura de Obama, y sus logros de reinvención de sí mismo y de los propios EEUU.

En definitiva, los estados se están convirtiendo en una empresa más. Esto sería estupendo si el modelo de las empresas fuese perfecto. Lo que vemos hoy en día, sin embargo, es que ni las empresas son malas per sé, ni son óptimas o libres de problemas. Es lógico que a la hora de seleccionar personas para las labores principales del estado se seleccione a personas con buenos desempeños previos en la empresa privada. Sin embargo, deberían recordar que el estado es una empresa “sin ánimo de lucro”.

Es bueno que un buen político sepa vender su marca y sus logros, pero debemos recordar que detrás de la marca tiene que haber producto, y que el consumidor de hoy en día (el “crossumer”) ya no es un infeliz que no sabe de marketing, sino un consumidor educado y receloso. Un consumidor que puede ser encantado, pero que reaccionará con virulencia (y viralidad) al desengaño.

Los políticos y los estados tratan de emular a las empresas. Es necesario que aprendan como están aprendiendo éstas que en la era de Internet el contrapoder está en la red, y que ésta no olvida.

Del mismo modo que esta memoria nos va a obligar a ser mejores como personas, y a las empresas a ser más honestas, el fin del político corrupto o del “marrullero” está cercano. Espero que se den cuenta rápido por el bien de todos.

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